No todos los seres humanos tenemos los mismos cuerpos, al menos hay dos grandes grupos humanos cuyas diferencias corporales son evidentes machos y hembras. Tampoco somos excitados sexualmente por las mismas cosas: Algunos hombres no consiguen la erección si su pareja no usa un determinado tipo de prenda, y otros requieren para sentir placer, encontrarse en situaciones de peligro. Incluso, la identidad sexual y el cuerpo no son siempre correspondientes y así, algunas personas pueden tener cuerpos con pene, pero afirmar que son mujeres.
Este hecho de que no todos somos iguales en cuerpos, deseos, emociones e identidades, es fácilmente reconocible. Sin embargo lo que no es tan fácil reconocer es que estas diferencias no implican, de manera “natural” que a unos seres humanos se les reconozcan derechos y a otros se les nieguen los mismos, ni significan que las personas que son reconocidas como “diferentes a la mayoría o a la normalidad” estén “enfermas” o sean “aberrados sexuales” y mucho menos, que por esa característica deban ser excluidos de la sociedad.
En ocasiones se identifica y se reduce la diversidad sexual a las orientaciones sexuales diferentes a la heterosexualidad tales como la Homosexualidad, y la bisexualidad; y a los distintos aspectos del transgenerismo (travestismo, Transgeneridad o transexualidad). En términos políticos, es correcta esta reducción, pues sirve para despatologizar y descriminalizar estas expresiones de la sexualidad. Sin embargo, en términos de la definición que hemos dado, de la diversidad sexual, como el resultado siempre cambiante de la mezcla de factores biológicos, culturales y espirituales, el concepto mencionado también abarca a la heterosexualidad y sus distintos tipos de manifestaciones. Diversidad sexual incluye a quienes solo gustan de relaciones formales en un marco “conservador” y también a quienes expresan su sexualidad en formas no convencionales.
La diversidad sexual inicia por el hecho de que unas personas nacemos con Pene y otras con Vulva, y continua en que algun@s tenemos cuerpos obesos, otros delgados. Se hace más refinado cuando aprendemos que algunos comportamientos son deseables y otros deseables en función de lo que tenemos entre las piernas (los niños no lloran, las niñas bonitas no pegan) y que, a partir de cumplir con ciertas expectativas sociales de conducta seremos reconocidos como hombres o mujeres (Cállate que pareces vieja, No corras que pareces marimacho) y se consolida en lo que sentimos y nos gusta de forma que creamos una “Identidad Sexual” (Soy hombre heterosexual; Soy mujer transexual masoquista).
Lo importante de utilizar el concepto diversidad sexual es reconocer que todos los comportamientos y deseos sexuales forman parte de un amplio espectro que está disponible para todo ser humano, y que todo lo que forma parte de este abanico de posibilidades sexuales tiene igual derecho de existir y manifestarse siempre que no atente contra los derechos de terceros, sea una conducta libre y no compulsiva ni forzada en su manifestación y que, quien se involucre en estas actividades pueda hacerse y se haga responsable de las consecuencias de sus actos.
Los temas que llegan a psicoterapia o consejo sexual generalmente se refieren a temas como: temor a ser homosexual o lesbiana, temor a no tener el desempeño sexual “adecuado” y en general el temor a no ser “normal”. Por eso, se requiere capacitar y o actualizar a los orientadores, profesores, médicos y terapeutas en una visión que complemente la formación de actitudes de respeto, empatía y congruencia con la información sobre temas biológicos como embarazo, Respuesta sexual Humana; Erotismo y Preñez y de tipo Social como Genero, Racismo, Discriminación y Homofobia entre otros. Solo logrando esto, nuestro trabajo de prevención del VIH/SIDA tendrá un campo fértil para desarrollarse.



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